La crisis generada por el Covid-19 tiene un impacto inmediato en el ámbito de la salud. Sin embargo, también tiene un impacto socioeconómico cuya expresión ya estamos experimentando y, además, todo indica que experimentaremos en el medio plazo.

No en vano, las medidas que se han debido adoptar para afrontar la crisis sanitaria han tenido impacto en múltiples sectores y capas del tejido social: desde las personas que ya venían sufriendo la precariedad resultante de la respuesta a la crisis del 2008, pasando por las personas mayores que han visto radicalmente alterada su vida cotidiana a raíz del virus, hasta las personas que formaban parte del sistema educativo escolar o universitario que han visto repentinamente transformada su formación, entre otros muchos ejemplos.

Un impacto que nos interpela como sociedades tanto a título individual como sistémico o estructural. Para reflexionar sobre ello junto con el público, en esta tercera sesión de la iniciativa “Eta orain, zer” organizada por Kutxa Fundazioa en colaboración con Globernance contamos con Borja Barragué, Marga León y Joseba Zalakain, moderados por Cristina Astier.

El diálogo y las preguntas del público giraron en torno a las diversas dimensiones de las huellas sociales de la pandemia: los nuevos modelos de cuidado y salud de las personas mayores centrados en la persona, los distintos mecanismos para garantizar que toda la ciudadanía tenga acceso a los recursos necesarios para tener una vida digna, el papel de la Unión Europea en las implicaciones socioeconómicas de la crisis, el problema de la existencia de paraísos fiscales para garantizar los recursos necesario para sostener las instituciones del estado de bienestar o el impacto específico que esta crisis tendrá sobre la brecha de género.

En todas estas cuestiones los ponentes, así como el público, plantearon la necesidad de articular un nuevo pacto social que pudiera adaptarse no sólo al escenario inmediatamente posterior a la crisis del Covid-19, sino también a toda una seria de transformaciones que, fruto de unos procesos de globalización cada vez más acelerados, obligan a buscar nuevos mecanismos que permitan al estado de bienestar garantizar aquellos bienes comunes que motivaron su creación y persistencia.

Podríamos destacar tres elementos centrales que, apuntados en la conversación, deberían tenerse en consideración cuando se plantee el debate sobre ese nuevo pacto social.

En primer lugar, la necesidad de reconocer que, si bien las consecuencias socioeconómicas que cause la actual crisis serán relevantes, lo son especialmente porque impactan sobre un contexto que ya venía marcado por los elevados niveles de desigualdad generados en la crisis del 2008. Una crisis cuyas consecuencias económicas se pudieron revertir a partir del 2015 pero que, no obstante, dejó hondas consecuencias en el ámbito social: precariedad, incertidumbre, exclusión y, en su versión más extrema, pobreza.

En ese sentido, la crisis del coronavirus evidenciará que, si bien el virus afecta al conjunto de la ciudadanía, el efecto sobre esa ciudadanía es tan desigual como lo es la propia sociedad. Una circunstancia que, en su caso, podría verse agravada. Siendo así, además de paliar las consecuencias directas generadas por las medidas adoptadas para atajar la crisis sanitaria, la gestión posterior deberá reconocer esas desigualdades de partida si quiere abordar la cuestión socioeconómica en su conjunto.

Esa constatación apuntó, precisamente, al segundo elemento que destacó en la conversación como punto de partida necesario para un nuevo pacto social: el debate en torno a si esta crisis constituye o no una ventana de oportunidad para reformar e incluso transformar el estado de bienestar.

Un debate que, además, interpela a cuestiones tan fundamentales como la colaboración público-privada, el papel de la sociedad civil y las estrategias comunitarias o el énfasis en la redistribución o la predistribución como mecanismos que favorezcan la sostenibilidad de ese estado de bienestar. Si bien no se planeó una respuesta con carácter definitivo, se subrayó que las medidas que se deberán tomar en el corto plazo tendrán por objetivo paliar, en la medida de lo posible, las consecuencias más urgentes de la situación que estamos viviendo. Siendo así, dado que las reformas o las transformaciones estructurales tienen un impacto más paulatino y han de estar dotadas de una mayor estabilidad, posiblemente deban abordarse una vez superada la situación actual de emergencia.

Finalmente, y en todo caso, el diálogo apuntó a una cuestión que condicionará directamente esas reformas o transformaciones necesarias para atenuar la huella social de la pandemia: la importancia de plantearlo desde la perspectiva de la justicia intergeneracional. Es decir, la constatación de que, junto con la cuestión de género y el modelo de cuidados que vertebra nuestras sociedades, los sectores más vulnerables y que ya vienen padeciendo las consecuencias de la crisis del 2008 son la infancia/juventud y las personas mayores.

Dos sectores que, además, suelen presentarse como necesariamente contrapuestos (i.e., como si los intereses de un colectivo fueran excluyentes con los del otro colectivo), dificultando la posibilidad de soluciones integrales. La perspectiva de la justicia intergeneracional obliga a reconocer que no sólo es necesario aplicar criterios de equidad dentro de un mismo grupo (los jóvenes, las personas mayores, etc.), sino también y especialmente entre los distintos grupos. De lo contrario, esa vulnerabilidad no hará más que incrementarse, dificultando la prosperidad y empeorando el impacto socioeconómico de la crisis. 

Todas estas cuestiones, ampliamente debatidas también por el público, tendrán nuevos desarrollos en futuras sesiones de la iniciativa “Eta Orain, Zer”: desde el mercado laboral, pasando por la dimensión específica de género hasta la perspectiva más macroeconómica. En todas ellas, no obstante, la importancia de reconocer un punto de partida ya de por sí desigual, una mirada que incorpore la perspectiva estructural a largo plazo y la relevancia de la justicia intergeneracional como condiciones para trabajar los consensos necesarios para un nuevo pacto social serán, sin duda, una constante.

Mientras apuntamos a ello, abordaremos un cuarto tema que, por su impacto instrumental, acompañará sin duda todos estos debates: la cuestión del big-data y el control social. Os esperamos el próximo miércoles 13 de mayo a las 18:00 para hablar sobre ello.