La cuarta sesión del ciclo “Eta Orain, Zer”, organizado por el Instituto Globernance y la Fundación Kutxa, reunió a dos expertos en la materia, con perspectivas suficientemente diferentes como para ofrecer un rico debate digno de tal nombre. El catedrático de filosofía Javier Echeverría y la directora de DigitalEs Alicia Richart pusieron sobre la mesa sus visiones procedentes de ópticas distintas, moderados por la politóloga Cristina Monge.  

Desde la crítica a la falta de privacidad, el profesor Echeverría subrayó cómo la tecnología ha creado un “tercer entorno” plagado de redes por las que deambulamos sin conocer exactamente qué ocurre con los datos que vamos generando, o lo que es peor, sin que seamos conscientes de los riesgos que entraña. El profesor avanzó también su noción de Tecnopersona que desarrolla en un libro del mismo título y de reciente aparición, y en el que recrea cómo la tecnología construye las propias nociones de datos, de información, de entornos, e incluso de personas, con sus sesgos correspondientes.

Por su parte, la experta y dirigente empresarial Alicia Richart subrayó las ventajas de contar con tecnologías avanzadas de big data, tanto para el desarrollo de la industria 4.0 como para la gestión de pandemias como la que estamos viviendo. No obstante, – recordó -, oposición a las innovaciones tecnológicas ha habido siempre, pero suele toparse con la “Ley de Grove”, formulada por uno de los fundadores de Intel, Andy Grove: “La tecnología siempre gana. Puedes retrasar la tecnología mediante interferencias legales, pero la tecnología siempre fluye alrededor de las barreras legales“.

En este escenario, el debate giró sobre conceptos alrededor del modelo de gobernanza de ese tercer entorno. Privacidad, propiedad pública o privada de los datos y las “nubes” donde se almacenan, políticas de datos abiertos desde las administraciones, y control por parte de la ciudadanía fueron algunos de los elementos que se pusieron sobre la mesa para llegar a hablar de la necesidad de un nuevo contrato social que articule el espacio digital, en el que cada vez habitamos más, y en el que urge definir el papel de lo público, de lo común y de lo privado.

Sin duda, si antes de la aparición de la Covid-19 la revolución tecnológica era todo un desafío, la sociedad de la distancia donde, previsiblemente, nos instalaremos – al menos una temporada – ,obligar a abordar el reto con urgencia. Estamos, por tanto, ante una de las prioridades de la sociedad post-covid.